Todas nos preguntamos una vez si habría un sitio para nuestro proyecto o nuestra labor profesional.
La madre de mi suegra nos animaba diciendo que «quien no se embarca no cruza la mar». Cierto, aunque –no sé vosotras– yo no me hice a la mar de mi profesión teniendo en mente arribar a un puerto concreto. Entonces, simplemente, pensaba en hacer el viaje.
Escribiendo este post me he cruzado con historias de mujeres marineras que emprendieron viaje porque ese era su sueño.
En el blog de Paula Gonzalvo, «allendelosmares.com» se resumen varias de estas biografías de mujeres navegantes quienes, como propone su blog «sirven de inspiración a las mujeres a vivir de una manera más espontánea, libre y aventurera». ¿Y qué es emprender sino navegar en las aguas de la incertidumbre?
Navegar la incertidumbre
Pero la incertidumbre no es un océano hostil, solo es una mar inexplorada que no rechaza que nos adentremos en ella. Se abre a nuestras pretensiones, pero también las pone a prueba. Es su naturaleza; así como está en la nuestra el querer ir más allá.
A la cita que os traigo hoy se le presuponen orígenes sufíes. Sheila Chandra no la escribió, pero al popularizarla en su canción hemos terminado por atribuírsela.
Y así como el océano no rechaza ningún río, esta perla de filosofía milenaria desembocó en el conocimiento colectivo a bordo de una canción pop de los noventa.
Feliz singladura.
(Publicado originalmente en la red de Womenalia en Linkedin el 26 de agosto de 2026)


