La historiadora Helen Rosenau escribía, en 1941, que el proceso creador es incompatible con la división de atenciones que las
mujeres prestamos a tantas cosas. Como en aquella divertida charla de Mark Gungor, tenemos un cerebro en el que conectamos todo con todo y al mismo tiempo.
A mediados de los dosmil, Edward M. Hallowell –psiquiatra especialista en trastornos de la atención– tildaba de mítica a la actividad del ‘multi-tasking’. Creemos poder realizar dos o más tareas a la vez con la misma eficacia pero va a ser que no. Enfocarse es esencial para que la creatividad fluya sin interrupciones.
Pero esas interrupciones no siempre vienen del exterior. En “La Escritura Indómita” Mary Oliver identificaba a uno de sus ‘yoes’ como responsable de priorizar todas esas cosas y tareas ordinarias: Esa Mary diligente y ‘responsable’ secuestraba para otros fines la concentración necesaria para crear.
Creatividad libre
Oliver se declaraba en rebeldía trasladando su verdadera responsabilidad, como creadora, de lo puntual, lo mundano y lo ordinario hacia lo extraordinario y trascendente.
Nos dice que se ha de trabajar a favor y no en contra de las fuerzas creativas. Y nos pide que celebremos la impuntualidad, incluso el plantón, que recibamos de las personas que andan enfrascadas en su trabajo creativo.
Llevo décadas trabajando en creatividad aplicada: abonando el terreno de las ideas para cosechar más y mejor.
Al tener que delimitar la creatividad por costes, plazos y conveniencias he acabado por domarla.
Es como ir montada en una yegua dócil y confiable a la que, de vez en cuando, puedo permitirme aflojar las riendas y dejar correr libremente.
Y es entonces cuando sucede la magia… o, lo que es lo mismo, cuando el cliente recibe más de lo que espera.
Buen día y provechosa semana.
(Publicado originalmente en la red de Womenalia en Linkedin el 18 de agosto de 2026)


